lunes, 16 de mayo de 2016
A cada uno de ellos le deseo un feliz día del maestro
Estimados lectores:
Han pasado más de cuatro años desde la última vez que me dirigí a ustedes, una licenciatura en pedagogía y muchas experiencias más tarde creo que merece el esfuerzo aporrear el teclado para dedicar algunas palabras, más todavía con la oportunidad que representa el día del maestro.
En estos años he tenido al igual que ustedes muchos maestros, los recuerdo a todos y llevo conmigo al menos una de sus enseñanzas tratando de emular al maestro que describe Edmundo de Amicis en Corazón: Diario de un niño; aquél anciano profesor atesoraba algún trabajo de cada discípulo suyo.
En algún momento ya he tenido la oportunidad de estar frente a un grupo, estando ahí con toda esa responsabilidad me tomé un segundo para recordar los rostros de aquellos a los que llamo "mis maestros". Si les parece bien, pasaré a compartirles algunas anécdotas con las cuales celebro el tiempo que dedicaron a mi educación y formación.
Cuando tenía nueve años acompañaba a mi mamá a un diplomado, me parece que estaba relacionado con ciencias de la educación familiar; la cuestión es que yo no quería esperarla siempre en el patio porque me parecía muy interesante lo que ella contaba al salir y quería escucharlo de primera mano. Un día la maestra Leticia Clapés (a la cual muchos extrañamos) hablaba de la familia estable económicamente y llegado un punto de su disertación preguntó "¿qué hace la felicidad?"... Levanté la mano, me concedió la palabra y con toda seguridad dije "el dinero" (desde mi lógica si se contaba con él, ya tendríamos la posibilidad de concentrarnos en construir nuestra felicidad); ella sonrió, me hizo una pregunta más para continuar con las participaciones y el resto de esa clase nos mantuvo a todos atentos, enriqueciendo al afortunado auditorio. Ese día la Maestra me enseñó que la voz de los niños cuenta también y lo importante que es buscar los razonamientos que esconden tras sus comentarios que a veces resultan sorprendentes; me hizo sentir seguro de mí cuando decidía acercarme al conocimiento, ella no lo supo, pero me acompañó hasta las aulas universitarias.
Por ahí del 2008 escribí un correo cargado de enojo y usé las palabras más terribles que conocía, el destinatario fue un maestro muy admirado por mis papás. La sorpresa en casa fue mayúscula cuando leyeron aquellas espantosas líneas con las cuales pretendía usar el teclado como arma (hay palabras que uno debería citar únicamente al hablar de historia y haciéndolo con todo cuidado), recuerdo haberle insultado tratando de cuestionarlo; Él respondió un correo en el que seguía el orden de temas que yo puse en nuestra primera comunicación, me enseñó que el odio daña a quien lo aloja en su corazón, con toda serenidad me condujo a pensar en lo que había escrito y sentido. Tiempo después volví a escribirle buscando su ayuda en un momento en que el futuro me parecía incierto. Generosamente dedicó tiempo a escribir haciendo uso tanto de su saber experto como de su experiencia personal. Jamás estuve inscrito en alguna de sus clases, no participé ni le entregué tareas pero su ejemplo al dedicar su tiempo, conocimiento y experiencia pensando en el bien de otro quien recurre a él me hace pensar en el compromiso de ser maestro.
En el 2015 una doctora en pedagogía compartió con un pequeño grupo -del que aún formo parte- su gran "perversión": La evaluación. En dos semestres nos llevó por una experiencia en la cual se hizo patente la integridad con la cual desarrolla sus funciones en diferentes instituciones, nos hizo enfrentarnos constantemente a nuestras lagunas (algunas presentes desde la primaria) dejando claro que no podemos abarcarlo todo pero que nuestra profesión exige saber hacer frente a éstas; una vez que la idea fue clara nos llevó a dar una plática informativa a la Universidad Panamericana. Cuando la crisis del último semestre desencantaba a muchos supimos gracias a ella que se puede ser feliz en esta profesión.
Tuve otros maestros con los cuales no compartí época, los conocí gracias a los libros tal como seguramente les ha pasado en algún momento. Sus palabras se mantienen en el tiempo y resuenan en la cabeza cuando la vista les da nuevamente vida.
En un momento en el que ser maestro encierra tantos significados los felicito por su labor, desde el más humilde maestro rural hasta el que milagrosamente extrae tiempo para dejar el instituto de investigación y salir al encuentro de los estudiantes.
Les agradezco a quienes nos han enseñado y formado
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